Carambola y remendos
(o cómo mutilar la física con comparaciones simplistas)
Leyendo La Jornada de súbito me encuentro formulando preguntas que encajan en categorías desconocidas para el conocimiento humano.
Bien, es cierto que han sido las leyes de la física lo que nos ha puesto en el lugar que hoy ocupamos, no hay duda sobre ello y a tono por el héroe del día, Hawking; pero no dejan de ser odiosas algunas consecuencias de la física que cualquier profano puede tachar como auténticas maldiciones.
En Tamaulipas mueren setenta y dos personas a manos de un grupo de asesinos, los restos mortales de estos son trasladados a la capital del país (pues nuestro centralismo al parecer abarca hasta en las artes de la necrofilia) y en el proceso el vehículo pesado rentado para tan penosa labor causa heridas a una joven de veinte años al grado de amputarle una de sus piernas.
No dejo de pensar en la teoría del caos de un modo que me da náusea; ya no es la mariposa que bate sus alas en China la protagonista, el nuevo postulado que lo ejemplifica es: Un asesino a sueldo que acciona su arma en Tamaulipas causa la pérdida de una pierna a una joven en el D.F.
La teoría del caos a la mexicana.
Algo más absurdo que eso se antoja difícil de superar. Aunque somos campeones naturales en el deporte de hacer el ridículo, quizás sea cosa de actitud; ya bien dicen que entre mas se esfuerza uno por no parecer se termina siendo.
A veces tengo la impresión de eterna precariedad de esa fotografía de la realidad mexicana, como si de alguna forma todo lo que en la actualidad se hace no es más que para remendar un viejo traje que ya ni luce ni cubre; el ejército ya no ostenta sus poderosos hummers artillados, ahora son pick ups Ram de color verde olivo opaco con un poste para montar la calibre 55 los que los sustituyen. Penoso. Supongo que los hummers ya no quedan igual luego de tanto balazo (hasta los maestros hojalateros tienen un límite en sus habilidades) y por eso recurren a esas flacas camionetas que no son pieza ante las Lincoln blindadas de los malos de malolandia. Pero a falta de dinero, remedios.
El tren ya casi arriba a la estación y mi periódico aún tiene noticias “jocosas” que ofrecer pero no sé si esa punzada en el estómago me permita gustar de estas sutiles gracejadas del fenómeno acción-reacción.
Hawking tiene razón pero eso no implica que sea del todo agradable.




