Alfonso Reyes: El veredicto
La mujer del fotógrafo era joven y muy bonita. Yo había ido en busca de mis fotos de pasaporte, pero ella no me lo quería creer.
-No, usted es el cobrador del alquiler, ¿verdad?
-No, señora, soy un cliente. Llame usted a su esposo y se convencerá.
-mi esposo no está aquí. Estoy enteramente sola por toda la tarde. Usted viene por el alquiler, ¿verdad?
Su pregunta se volvía un poco angustiosa. Comprendí, y comprendí su angustia: una vez dispuesta al sacrificio, prefería que todo sucediera con una persona presentable y afable.
-¿Verdad que usted es el cobrador?
-Sí –le dije resuelto a todo-, pero hablemos hoy de otra cosa.
Me pareció lo más piadoso. Con todo, no quise dejarla engañada, y al despedirme, le dije:
-Mira, yo no soy le cobrador. Pero aquí está le precio de la renta, para que no tengas que sufrir en manos de la casualidad.
Se lo conté después a mi amigo que me juzgó muy mal:
-¡Qué fraude! Vas a condenarte por eso.
Pero el Diablo, que nos oía, dijo:
-No, se salvará.




