de un sábado…
Un sábado aturdido por el sonoro espasmo de un eco cambiante.
Los dedos se aferran a la mañana atrapada dentro de la taza del café, mientras que la resequedad del periódico absorbe el resto de humedad del aliento. Afuera todo transcurre como siempre; no quiero verlo.
Quiero las puertas y ventanas abiertas, las hojas en el suelo, los libros y cuadernos mirando al cielo, las fotos regadas, mi perra durmiendo en ese rincón que le agrada, soñando lo que yo no.
El espacio es fascismo, y ese silencio su manifiesto.
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