Decías muchas cosas…
Decías muchas cosas, algunas ininteligibles y otras eran apenas un susurro que se perdían entre el aleteo de tus pestañas distraídas; lo más importante lo decías estando dormida mientras soñabas en inconexos sucesos que tenían el mayor de los sentidos para ti. Pero lo fundamental lo decías sin usar palabra alguna, como aquellas ocasiones en que sumergías tus pies en las frías aguas de un estigia donde navegaban las palabras que pescabas con el cabo de tu pluma.
A veces no decías nada. Era un silencio absoluto que no podía ser más que el resultado de la contemplación de no sé qué, pero sólo a veces; luego comenzabas a silbarle al techo, a las paredes, a tus propios libros…





Me gusta gracias por compartirlo, a veces quisieramos decir tantas cosas pero el silencio les incluye todas,y solo a veces.