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	<title>La tumba del pardo</title>
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		<title>La carta perdida III</title>
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		<pubDate>Sun, 16 Jan 2011 07:07:04 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Morfo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Letras]]></category>

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		<description><![CDATA[&#8220;Aunque no puedo esperar el momento de volverte a ver, de abrazar, de sentir la magnifica y egoísta sensación de tu presencia junto a mi, considero más importante, por lo pronto, esta añoranza por ti y por aquello que constantemente recuerdo cuando estábamos juntos&#8221; Su caligrafía era la de un miembro de la nobleza, trazos [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>&#8220;<em>Aunque no puedo esperar el momento de volverte a ver, de abrazar, de sentir la magnifica y egoísta sensación de tu presencia junto a mi, considero más importante, por lo pronto, esta añoranza por ti y por aquello que constantemente recuerdo cuando estábamos juntos</em>&#8221;</p>
<p>Su caligrafía era la de un miembro de la nobleza, trazos ligeros, dominando la tinta sobre el papel de tal forma que esta no buscaba escaparse por la capilaridad de la hoja, como si fuese la obra de una imprenta humana. Sin embargo él no notaba el arte en lo que hacía pues toda su vida escribió así y ahora, en el ocaso de sus días, lo relevante era lo que decía sin importar la forma de hacerlo. Sus sentimientos escritos, destinados para quien seguía siendo su inspiración, absorbían por completo su percepción.</p>
<p>&#8220;<em>¿Recuerdas aquella ocasión en que te descubrí cantando? Tú leías quien sabe qué cosa a media luz un libro que sólo a ti, en el mundo entero, te interesaba; o al menos eso aparentabas. Estabas apoyando tu cabeza en una de tus manos, veías las hojas, cantabas una canción. Me quedé en el quicio de la puerta espiándote, mirándote como un perverso testigo que, sin embargo, no tenía la suficiente malicia para irrumpir tal evento</em>&#8221;</p>
<p>Volvió a leer lo escrito mientras una sonrisa dibujaba de sus labios adornados por el bigote y barbas que parecían ser de plata.</p>
<p>&#8220;<em>Con la edad he aprendido a quererte sin las manos, sólo ha sido necesario dibujarte en las sombras de la noche, en la lluvia cuando cae por la ventana, en la insondable nostalgia de una vela encendida cuando la luz eléctrica lastima mis ojos. Con la edad he aprendido a querer lo mejor de ti. Quizás lamento el no haberlo aprendido antes.</em>&#8221;</p>
<p>Esperó que la tinta secara. Enseguida, con el cuidado de un artesano, dobló el papel para luego meterlo dentro de un elegante sobre en el cual escribió el nombre de la destinataria. Humedeció el borde y selló su contenido. Le echó un vistazo para luego guardar la carta en el bolsillo de su abrigo.</p>
<p>La calle era la de siempre, las personas eran las mismas de todos los días. Pasó de largo la oficina de correos sin siquiera mirarla. Más tarde, al llegar a su destino, cansado y un tanto agitado, sacó de su bolsillo la carta y la depositó con toda solemnidad junto a un ramo de flores marchitas que adornaban la descuidada tumba.</p>
<p>Musitó algo para enseguida irse de ahí.</p>
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		<title>Decías muchas cosas&#8230;</title>
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		<pubDate>Sun, 12 Dec 2010 23:56:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Morfo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Letras]]></category>

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		<description><![CDATA[Decías muchas cosas, algunas ininteligibles y otras eran apenas un susurro que se perdían entre el aleteo de tus pestañas distraídas; lo más importante lo decías estando dormida mientras soñabas en inconexos sucesos que tenían el mayor de los sentidos para ti. Pero lo fundamental lo decías sin usar palabra alguna, como aquellas ocasiones en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Decías muchas cosas, algunas ininteligibles y otras eran apenas un susurro que se perdían entre el aleteo de tus pestañas distraídas; lo más importante lo decías estando dormida mientras soñabas en inconexos sucesos que tenían el mayor de los sentidos para ti. Pero lo fundamental lo decías sin usar palabra alguna, como aquellas ocasiones en que sumergías tus pies en las frías aguas de un estigia donde navegaban las palabras que pescabas con el cabo de tu pluma.</p>
<p>A veces no decías nada. Era un silencio absoluto que no podía ser más que el resultado de la contemplación de no sé qué, pero sólo a veces; luego comenzabas a silbarle al techo, a las paredes, a tus propios libros&#8230;</p>
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		<title>Soma y Palomitas</title>
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		<pubDate>Mon, 06 Dec 2010 00:40:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Morfo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Letras]]></category>

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		<description><![CDATA[Se termina extrañando a la persona equivocada, a la que da sino constante añoranza y nada más. Pero todo lo que acontece no es más que una serie de decisiones, nada de azar, nada de presagios ni predestinación; sin accidentes ni destino manifiesto. Nada. No recuerdo cuando la nada se convirtió en la raíz de [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Se termina extrañando a la persona equivocada, a la que da sino constante añoranza y nada más. Pero todo lo que acontece no es más que una serie de decisiones, nada de azar, nada de presagios ni predestinación; sin accidentes ni destino manifiesto. Nada.</p>
<p>No recuerdo cuando la nada se convirtió en la raíz de todo.</p>
<p>Es a partir de ese todo-vacío me doy cuenta que no tengo preguntas ni interés en respuestas. No quiero saber que sucede sin mí o conmigo; sin contexto las razones no cuentan,  devienen en errores disfrazados.  Hace poco pensé en esas &#8220;<em>orillas de misterio</em>&#8221; bajo la circunstancia más bizarra posible y encontré por accidente el frío cuadro de la contemplación. Entendí que era mi sitio adecuado para pasar un tiempo. Lo demás es falso pero es real, imposible negarlo.</p>
<p>Es curioso ver cómo la cotidianeidad ofrece la soma necesaria para adormecer al que viste con piel y huesos; supongo que tal vestuario luce bien en algunos mientras que a otros les incomoda. Pero es un hecho que todos regresan al crisol y la comodidad de la envoltura;  debe ser  cansado pretender por tanto tiempo lo que no se es. Pero también supongo que eso viene bien a algunos.</p>
<p>&#8212;</p>
<p>Una pareja está sentada en las butacas de una sala de cine fría y casi abandonada. Ella solloza mientras la rigidez de su acompañante no hace más que contribuir a la tensión del ambiente. La piel de las manos aparentemente no es suficiente para detener el río de lágrimas de la mujer, supongo que ante tal eventualidad pudieron ser muy convenientes las servilletas recicladas de la barra snacks, también supongo que el tipo debió pensar: ¿quién diablos iba a saber?</p>
<p>-¿Quieres irte? -pregunta el tipo a la mujer.</p>
<p>-No -responde mientras sorbe sus lágrimas o mocos-, no quiero irme.</p>
<p>-¿Te volvió a madrear verdad? -pregunta el tipo mientras furtivamente lleva una palomita a su boca.</p>
<p>Más sollozos. La sala se oscurece, la historia de siempre continúa.</p>
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		<title>Apuntes: La crueldad</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Dec 2010 06:14:55 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Morfo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Letras]]></category>
		<category><![CDATA[Aurora]]></category>
		<category><![CDATA[La crueldad]]></category>
		<category><![CDATA[Nietzsche]]></category>

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		<description><![CDATA[18. La moral del sufrimiento voluntario. ¿Cuál es el mayor placer que pueden experimentar unos hombres que viven en estado constante de guerra, en esas pequeñas comunidades rodeadas siempre de peligros, donde impera la moral más estricta? O mejor: ¿cuál es el mayor placer que pueden experimentar las almas vigorosas, sedientas de venganza, rencorosas, desleales, preparadas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><span style="color: #993300;">18. La moral del sufrimiento voluntario. </span></strong></p>
<p>¿Cuál es el mayor placer que pueden experimentar unos hombres que viven en estado constante de guerra, en esas pequeñas comunidades rodeadas siempre de peligros, donde impera la moral más estricta? O mejor: ¿cuál es el mayor placer que pueden experimentar las almas vigorosas, sedientas de venganza, rencorosas, desleales, preparadas para los acontecimientos más espantosos, endurecidas por las privaciones y por la moral? El placer de la crueldad. Esta es la razón de que, en el caso de tales almas y en semejantes situaciones, se considere que inventar formas de venganza y tener sed de venganza constituye una virtud. <strong><span style="text-decoration: underline;">La comunidad se robustece contemplando actos de crueldad y puede superar por un instante el peso del miedo y la inquietud que le produce el tener que estar constantemente al acecho</span></strong>. La crueldad es, pues, uno de los placeres más antiguos de la humanidad.</p>
<p><em>F. Nietzsche &#8211; Aurora. Libro primero p 18. EMU</em></p>
<blockquote><p>A propósito de muchas situaciones de las que somos testigos&#8230; robustecidos.</p>
<p>N.de Morfo</p></blockquote>
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		<title>de un sábado&#8230;</title>
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		<pubDate>Sun, 28 Nov 2010 08:33:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Morfo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Letras]]></category>

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		<description><![CDATA[Un sábado aturdido por el sonoro espasmo de un eco cambiante. Los dedos se aferran a la mañana atrapada dentro de la taza del café, mientras que la resequedad del periódico absorbe el resto de humedad del aliento. Afuera todo transcurre como siempre; no quiero verlo. Quiero las puertas y ventanas abiertas, las hojas en [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Un sábado aturdido por el sonoro espasmo de un eco cambiante.</p>
<p>Los dedos se aferran a la mañana atrapada dentro de la taza del café, mientras que la resequedad del periódico absorbe el resto de humedad del aliento. Afuera todo transcurre como siempre; no quiero verlo.</p>
<p>Quiero las puertas y ventanas abiertas, las hojas en el suelo, los libros y cuadernos mirando al cielo, las fotos regadas, mi perra durmiendo en ese rincón que le agrada, soñando lo que yo no.</p>
<p>El espacio es fascismo, y ese silencio su manifiesto.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Sal de mar</title>
		<link>http://morfo.elchahuistle.net/2010/11/18/sal-de-mar/</link>
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		<pubDate>Thu, 18 Nov 2010 06:19:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Morfo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Letras]]></category>

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		<description><![CDATA[Sal de mar mar de mal del más al menos leños que flotan la mar de sal haz brillar vela en altar. Luna de sal haz llegar. Sal del mar.]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;">Sal de mar<br />
mar de mal<br />
del más al menos<br />
leños que flotan<br />
la mar de sal<br />
haz brillar<br />
vela en altar.<br />
Luna de sal<br />
haz llegar.<br />
Sal del mar.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>No estamos vivos</title>
		<link>http://morfo.elchahuistle.net/2010/11/10/no-estamos-vivos/</link>
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		<pubDate>Wed, 10 Nov 2010 19:09:39 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Morfo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Letras]]></category>

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		<description><![CDATA[No estamos vivos, estamos pendientes de la vida, del suceso, para ser testigos de una mirada que nos quite este estado mineral. No estamos vivos, estamos inmersos en estas aguas del deseo, esperando el oleaje de la vida que agite las arenas calmas de nuestro fondo marino. No estamos vivos, saltamos de un momento al [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p style="text-align: right;">No estamos vivos,<br />
estamos pendientes de la vida, del suceso,<br />
para ser testigos de una mirada<br />
que nos quite este estado mineral.</p>
<p style="text-align: right;">No estamos vivos,<br />
estamos inmersos en estas aguas del deseo,<br />
esperando el oleaje de la vida<br />
que agite las arenas calmas<br />
de nuestro fondo marino.</p>
<p style="text-align: right;">No estamos vivos,<br />
saltamos de un momento al otro,<br />
siendo felices mientras no estamos vivos,<br />
esquivando los miedos por comenzar a vivir.</p>
<p style="text-align: right;">No estamos vivos,<br />
estamos soñando el sueño de nuestras excusas,<br />
cortando las ramas de nuestros brazos<br />
y ser estériles con la tierra<br />
que nos mira con asco.</p>
<p style="text-align: right;">No estamos vivos,<br />
somos el color de la noche<br />
cuando el día quisiera extenderse más allá de su lienzo,<br />
somos la brisa que congela las manos,<br />
que borra sonrisas de los niños en brazos.</p>
<p style="text-align: right;">No estamos vivos,<br />
sólo estamos,<br />
la falsa permanencia,<br />
cautivos del pasado que fue vida<br />
dentro de un abrazo espontáneo<br />
bajo la arquería de una tierra extraña,<br />
dejada atrás.</p>
<p style="text-align: right;">morfo</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Alfonso Reyes: El veredicto</title>
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		<pubDate>Wed, 27 Oct 2010 06:39:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Morfo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Pardeadas]]></category>

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		<description><![CDATA[La mujer del fotógrafo era joven y muy bonita. Yo había ido en busca de mis fotos de pasaporte, pero ella no me lo quería creer. -No, usted es el cobrador del alquiler, ¿verdad? -No, señora, soy un cliente. Llame usted a su esposo y se convencerá. -mi esposo no está aquí. Estoy enteramente sola [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La mujer del fotógrafo era joven y muy bonita. Yo había ido en busca de mis fotos de pasaporte, pero ella no me lo quería creer.</p>
<p>-No, usted es el cobrador del alquiler, ¿verdad?</p>
<p>-No, señora, soy un cliente. Llame usted a su esposo y se convencerá.</p>
<p>-mi esposo no está aquí. Estoy enteramente sola por toda la tarde. Usted viene por el alquiler, ¿verdad?</p>
<p>Su pregunta se volvía un poco angustiosa. Comprendí, y comprendí su angustia: una vez dispuesta al sacrificio, prefería que todo sucediera con una persona presentable y afable.</p>
<p>-¿Verdad que usted es el cobrador?</p>
<p>-Sí –le dije resuelto a todo-, pero hablemos hoy de otra cosa.</p>
<p>Me pareció lo más piadoso. Con todo, no quise dejarla engañada, y al despedirme, le dije:</p>
<p>-Mira, yo no soy le cobrador. Pero aquí está le precio de la renta, para que no tengas que sufrir en manos de la casualidad.</p>
<p>Se lo conté después a mi amigo que me juzgó muy mal:</p>
<p>-¡Qué fraude! Vas a condenarte por eso.</p>
<p>Pero el Diablo, que nos oía, dijo:</p>
<p>-No, se salvará.</p>
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		<title>La carta perdida II</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Oct 2010 17:18:56 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Morfo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Letras]]></category>

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		<description><![CDATA[El Fuerte Esperanza era todo menos un fuerte. Sus paredes eran de adobe igual que el resto de las construcciones de aquel pueblucho olvidado en la sierra. Desde que la revolución triunfó el recién electo gobernador hizo una nueva carretera detrás de las colinas por lo que cruzar por San Teofanio se convertía en un [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>El Fuerte Esperanza era todo menos un fuerte. Sus paredes eran de adobe igual que el resto de las construcciones de aquel pueblucho olvidado en la sierra. Desde que la revolución triunfó el recién electo gobernador hizo una nueva carretera detrás de las colinas por lo que cruzar por San Teofanio se convertía en un mero accidente propio de los viajantes que habían perdido el camino. Aún así era un fuerte y como tal era custodiado por un regimiento de soldados, bueno, se decían así mismo soldados pero realmente eran cuatro rurales que se habían anotado en la lista de voluntarios pues el campo ya no dejaba ni para media talega de frijol con la cual comer, y no porque no lloviera o la tierra se hubiese contaminado de salitre, no, la carretera también se llevó a los campesinos, ahora estos pedían se les llamara obreros.<br />
Regresando a Fuerte Esperanza. Sus dimensiones no eran extraordinarias, de hecho era una casa normal cuya historia la hacía extraordinaria. Ahí había sido donde don Epitasio Gonzáles, hombre bragado de más de 80 años en ese entonces, defendió heroicamente su patrimonio codiciado por el hacendado de la región el cual consistía en quince totoles, dos marranitos (uno de los cuales era hembra), una vaca lechera y un buey tuerto que a pesar de tan grave defecto era muy bueno manteniendo la recta en la yunta. Don Epitasio, armado con una vieja carabina calibre 22, y un cuartillo de madera lleno de munición, repelió los ataques de los caporales que iban por tributo. Nadie dice que también ayudó el hecho que dichos caporales eran tan viejos y ciegos como don Epitasio, y nadie lo dice pues todos se han ido; si, la carretera.<br />
Al estallar la bola, aquella casa, luego de la sentida muerte del héroe local, fue ocupada por los revolucionarios a modo de fortín y almacén de alimentos.<br />
Como todo Fuerte, el Esperanza también tenia celdas aunque estas fueran simbólicas pues quienes llegaban a ser detenidos eran atados en la argolla donde antes era amarrado el buey tuerto. El Esperanza tenía un prisionero alojado en su interior; su delito fue matar a machetazos a un vecino a causa de un pleito ocasionado por el pulque el cual, según lo declarado por el acusado, estaba muy rebajado con agua y pidió se sentara en el acta que no se arrepentía. En San Teofanio aún no tenían juez así que el jefe de rurales juzgó y sentenció. Sería fusilado al día siguiente.<br />
El pelotón alistó armas nada más cantó el gallo. El acusado, crudo y enrojecido por la buena voluntad del jefe de rurales que los emborracho de aguardiente la noche anterior, se irguió lo más que pudo, se santiguó, se quitó el sombrero de palma y con las manos lo sostuvo a la altura de sus genitales. Recibió la descarga del pelotón, al caer al piso el jefe de rurales le propinó el tiro de gracia tal cual dicta el procedimiento.</p>
<p>Al día siguiente de la ejecución un cansado jinete llegó a San Teofanio, empolvado de camino, con cara de pocos amigos preguntó a un niño sin calzones, y con costras de mocos en la cara, por la municipalidad, este al no saber que significaba municipalidad señalo al Fuerte Esperanza. El jinete dio tregua a la pobre bestia, desmontó y camino. Con la palma de la mano azotó el portón hasta que un rural abrió. Pidió ver a la autoridad. El jefe de rurales se presentó ante el jinete mientras se acicalaba su enorme bigote.</p>
<p>-Telegrama del gobierno del estado -dijo el jinete-. Por orden del gobernador todas las tropas irregulares serán desmovilizadas, desarmadas, todo detenido tendrá amnistía y será puesto en libertad.<br />
Enseguida el jinete se marchó por donde vino.</p>
<p>El jefe de rurales alzó los hombros. Fingió leer el telegrama que había recibido pues no sabía leer. Cortó el papel en tiras, forjó un cigarro, lo encendió y dio una honda bocanada.<br />
Ya estaba harto de usar hojas de elote para fumar.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>La carta perdida I</title>
		<link>http://morfo.elchahuistle.net/2010/10/24/la-carta-perdida-i/</link>
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		<pubDate>Sun, 24 Oct 2010 22:42:53 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Morfo</dc:creator>
				<category><![CDATA[Letras]]></category>

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		<description><![CDATA[Le había disparado, usted debe saber cómo es; técnicamente fue sencillo: revisas que el cargador tenga al menos una bala, lo insertas en el culo de los pistola, tiras de la corredera para que la bala suba a la recámara del cañón (y a la vez tiré atrás el martillo percutor), quitas el seguro, apuntas [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Le había disparado, usted debe saber cómo es; técnicamente fue sencillo: revisas que el cargador tenga al menos una bala, lo insertas en el culo de los pistola, tiras de la corredera para que la bala suba a la recámara del cañón (<em>y a la vez tiré atrás el martillo percutor</em>), quitas el seguro, apuntas y jalas del gatillo. Lo que no fue fácil fue lo siguiente. No sabía si había atinado al cuerpo, no había herida visible aunque debió de existir pues su cuerpo ya estaba en el suelo, con movimientos lentos de sus extremidades supuse que estaba muriendo. La razón fue esa carta que ahora yace junto a su cuerpo.<br />
Al ver el sobre lo abrí sin más, de lo que leí en ella surgió un mareo indescriptible, ese que llega desde tu estómago cuando estás a punto del desmayo, pero no hubo tal cosa; las piernas tiemblan, las manos también, la respiración se agita. Lo de siempre, supongo. </p>
<p>&#8220;¿Quién putas&#8230;?&#8221; fue la pregunta que le hice y de la que no espere respuesta. Mientras caminaba en busca del arma le escuchaba decir algo sobre malentendidos, confusiones y demás súplicas que ahora sé las dijo. Pero yo no escuchaba, no en el sentido propio de la palabra, eran como susurros en oídos sordos, igual de sordo que el sonido de un disparo en un lugar cerrado.<br />
¿Qué si estaba fuera de mí? Desde luego que lo estaba, usted lo estaría. Le había disparado, y eso fue todo.</p>
<p>Y no señor, en esos momento no se me ocurrió ver el sobre y darme cuenta que el destinatario de la carta vive en la casa de a lado.</p>
]]></content:encoded>
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